miércoles, 16 de septiembre de 2015

NOCTURNO IV


Así estás todavía de pie bajo la lluvia,
bajo la clara lluvia de una noche de invierno.
De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa,
de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo.

Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,
con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos
y tu voz que nacía del fondo de tus ojos
y tus manos cansadas que se iban en el viento
y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles
y hasta la hoja aquella que te cayó en el seno
y el rocío nocturno dormido en tus pestañas
engarzando diamantes en tu vestido negro.

Así estás todavía lejanamente cerca
desde tu lejanía de sombra y de silencio.
Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia,
de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño.
La vida es tan pequeña que cabe en una noche.
Quizá fue que en la sombra me encontré con tu beso
y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia,
el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo.

Sí, me has dejado triste porque pienso que acaso
ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo.
Y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia
con las manos temblando de frío y de deseo.
Pero aunque habrá otras noches cargadas de perfumes
y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo,
siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,

bajo la lluvia clara de una noche de invierno....

José Ángel Buesa

lunes, 14 de septiembre de 2015

EL REMATE

Falta el aire y sobran moscas este domingo de enero,
el sol fríe las chicharras, duerme un matungo azulejo,
algunos pollos con argaras están de picos abiertos,
por los charquitos de sombras hay unas guachas bebiendo,
por los caminos calientes cruza la siesta en su lerdo,
ojos azules de cardo curiosean desde lejos,
y asoman por las retamas, ojos azules de ceibo,todo es dulce de tan pobre..

Frente al rancho de tanteo que está

con los cuatro codos deshilachado de tiempo,
subasta un rematador las pilchas de un criollo viejo,
hay muchos interesados, son vecinos todos ellos,
muchachos que hasta hace poco le llamaban "el abuelo".

Recostao en el palenque los mira tristón el viejo,

han ido a comprar barato cosas que no tienen precio
y piensa con amargura, ya no da criollos el tiempo.
Qué vale este par de espuelas si las rodajas de fierro
son como dos lagrimones que llorasen por su dueño.
Con ellas salio a ganar hace ya muchos inviernos
la novia en un bagual blanco, la vida en un bagual negro.
Los mozos suben la oferta, doy 10, 15, 20 pesos,
disputan como caranchos el corazón del abuelo
que al escucharlos se pone rojo de vergüenza el cielo.

Son suyas las nazarenas, dice a uno el martillero,

le han vendido las lloronas, hoy por desgracia hoy tan luego,
que en el palenque la vida le ato su bagual mas negro
y piensa con amargura, ya no da criollos el tiempo..

Sacan a la venta un poncho, donde garúan los flecos,

para mojarle la cara al que se lo lleve puesto,
tiene la boca zurcida, y lo gasto tanto el tiempo
que a tras luz del calamaco se ve la historia del dueño.
Guampas chuzas y facones lo acribaron de agujeros,
pero su filosofía siempre le puso remiendo,
de día con un celeste, de noche con un lucero…

Yo pago por esa pilcha tuita la plata que tengo,

subo a una onza la oferta, si no hay quien de mas lo quemo.
Entonces cae el martillo en lo mas duro del silencio,
un mozo se llevo el poncho y allí cerca el pobre viejo
esta temblando de frío en una tarde de enero
y piensa con amargura, ya no da criollos el tiempo.

Así perdió en la bajada lo que gano en el repecho,

una a una las ovejas, pilcha por pilcha el apero,
quisiera salvar del lote su mancarrón azulejo,
pa´ que lo agarre la noche en un caballo estrellero,
no tiene mas que uno, y ese, se lo quema el martillero.

Allí termino el remate, cobro la cuenta el pulpero,

¡ aura si! Al verlo tan amargao tan desecho,
todos los rumbos arrollan los lazos de los senderos,
y son cuatro pialadores los que están esperando al viejo,
en cuanto quiera salir, le van a dar contra el suelo…

Entonces aquellos mozos se acercan pa´ defenderlo,

y el mas ladino le dice entre temblón y risueño,
todos compramos sus pilchas, pa´ salvárselas abuelo,
aquí tiene sus espuelas, aquí tiene su azulejo,
Otro le trae en los brazos, igual que un niño el apero,
otro le entibia las manos con aquel poncho de flecos,
y otro que no compro nada, le estampa en la frente un beso…
Porque sigue dando criollos, muy lindos criollos el tiempo…

Yamandú Rodriguez

miércoles, 19 de agosto de 2015

DAME TU BRAZO, AMOR, Y CAMINEMOS...


Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.

Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.

Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:

Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.

Julia Prilutzky Farny

miércoles, 29 de julio de 2015

TRIUNFAL


Hubo de todo en el romance aquel..
Flores, celos, amor, llantos, excesos;
Y un día. un día sin luz, en uno de esos
amargos días del invierno cruel.
-Es preciso-dijiste- poner el
punto final a nuestros muchos besos..
Debo partir y parto... dejo iIesos
tu corazón, Poeta y tu troquel.
No supe que decir... Tu voz tenía
una extraña inflexión desconocida
y eres dueño sin duda de tu vida..
Además, mi bohemia impenitente
según es lo normal y lo corriente,
estaba trasudando altanería..
Nos dimos el adiós de un modo triste...
Tú bajaste los ojos, yo la frente:
Hubo un silencio largo; gravemente
sonriendo tus labios. y partiste.
Cuando ya lejos hacia mí volviste
la faz turbada, dolorosamente.
atravesó los oros del poniente
un adiós postrimer que no dijiste...
Mas escucha, mujer, lo que sentí...
Sentí bajo el arrullo del pañuelo
remoto que agitaba; un consuelo
que en un instante serenó mi mal;
-sentí que tu existencia inmaterial,
prófugamente se quedaba en mí
¡Qué vale que el destino se la lleve
-pensé entonces irguiéndome en la playa-
ni que a otras tierras ignoradas vaya
ni que otras fuentes del amor abreve!
¡Qué vale que su pie nervioso y leve,
musa traviesa de mi ciencia .gaya,
errando sin cesar bajo la saya
busque la senda del olvido aleve!
¡Qué vale que del vaso huya el jazmín
si se ha trocado el vaso en la redoma
donde yacen su espíritu y su aroma!
¡ Qué vale que te alejes, fugitiva,
si suspensa a una rama siempre viva
has quedado hecha flor en mi jardín!

Belisario Roldán

lunes, 6 de julio de 2015

EL PERDÓN


Son las cinco de la tarde en un pago de leyenda. 
A estas horas el ombú, se saca el poncho violeta 
y lo tiende sobre el suelo curtido de la tranquera. 
No pasa una virazón, 
El patio se recalienta 
con un brasero e'malvones,prendido no bien clarea, 
adonde las ponedoras van a pintarse las crestas 
y casi siempre murmuran su rosario las abejas. 

El rancho es de palo a pique. 

Parece que jué carreta; 
porque entuavía se ven entre los yuyos dos ruedas: 
una, es la boca del pozo y la otra, la manguera. 
Dicen que todo era dulce: el agua, el techo y la dueña, 
una viejita muy blanca, que dejó viuda la guerra 
con cuatro hijos varones...y se echó esa cruz a cuestas. 

Sus manos son un milagro de amor; porque sale de ellas, 

tierno el pan del amasijo, tibia la leche que ordeñan, 
blanco de espuma el mantel en el altar de la mesa, 
donde esas manos bendicen la caridád de la cena, 
con la hostia de la luna azulando la cumbrera. 

Esas manos día a día, sacan calor de la rueca, 

pa antibiar cuatro pichones que desplumó la pobreza. 
Y esas manos de la madre, con diez palitos sin juerza, 
van haciendo cuatro gauchos a rigor de potro y sierra. 
Si alguna vez se enojaba con un gurí, siempre ella, 
antes de cerrar la noche, le dió la mano derecha 
para que él se la besase con un: "perdonáme vieja"! 

Nunca se pudo dormir con un hijo en penitencia. 

Y esa tarde, el más muchacho, estando solo con ella, 
olvida la ley de Dios, levanta un puño y golpea 
el pecho de aquella madre, que es una santa de güena. 
A'i nomás monta a caballo dejándola cáida en tierra. 

Y a la oración, cuando güelven los cuatro para la cena, 

está el fogón apagao y hay un frío de tapera... 
-¡Mama! - nadie le responde. 
Temblando ya, la campean. 
Como buscan a la altura del corazón, no la encuentran; 
porque la madre está allí, pero sobre el piso: muerta. 

Los cuatro mozos de luto, al campo santo la llevan. 

Pesaba tan poco en vida...y aura no pueden con ella! 
Doblan por las cuatro puntas aquél pañuelo de tierra... 
cain unas flores de yuyo...se santiguan ... y la dejan. 
Al otro día un vecino, al pasar por allí cerca, 
avisa que a la finada le quedó una mano ajuera. 
¡Cómo ! Se miran los cuatro y ninguno malicea, 
güelven, le cubren la mano y pa mejor protegerla, 
rodean la sepultura con un corralito'e piedra... 

Y la misma tarde, un hombre que cruza con su carreta, 

le dice que vió la mano otra vez a flor de tierra... 
Entonces, al más muchacho, le habló al 'oido la concencia; 
porque se puso 'e rodillas en el corralito 'e piedra, 
bajó la frente y llorando, pa que la madre l'oyera, 
como cuando jué gurí, dijo: "Perdoname vieja!". 

Cubrió de besos la mano...después la cubrió de tierra... 

y como salía solo para perdonar la ofensa, 
dende la tarde del beso ya descansó bajo tierra... 
Y naides más vio la mano de la madrecita güena, 
que nunca pudo dormir con un hijo en penitencia.

Yamandú Rodriguez!

miércoles, 1 de julio de 2015

HOMBRES NECIOS QUE ACUSÁIS...


a la mujer sin razón, 
sin ver que sois la ocasión 
de lo mismo que culpáis. 

Si con ansia sin igual  
solicitáis su desdén, 
¿por qué queréis que obren bien 
si las incitáis al mal? 

Combatís su resistencia 
y luego con gravedad  
decís que fue liviandad 
lo que hizo la diligencia. 

Parecer quiere el denuedo 
de vuestro parecer loco 
al niño que pone el coco  
y luego le tiene miedo. 

Queréis con presunción necia 
hallar a la que buscáis, 
para pretendida, Tais, 
y en la posesión, Lucrecia.  

¿Qué humor puede ser más raro 
que el que, falto de consejo, 
él mismo empaña el espejo 
y siente que no esté claro? 

Con el favor y el desdén 
tenéis condición igual, 
quejándoos, si os tratan mal, 
burlándoos, si os quieren bien. 

Opinión ninguna gana, 
pues la que más se recata, 
si no os admite, es ingrata, 
y si os admite, es liviana. 

Siempre tan necios andáis 
que con desigual nivel 
a una culpáis por cruel 
y a otra por fácil culpáis. 

¿Pues cómo ha de estar templada 
la que vuestro amor pretende, 
si la que es ingrata ofende 
y la que es fácil enfada? 

Mas entre el enfado y pena 
que vuestro gusto refiere, 
bien haya la que no os quiere 
y queja enhorabuena. 

Dan vuestras amantes penas 
a sus libertades alas 
y después de hacerlas malas 
las queréis hallar muy buenas. 

¿Cuál mayor culpa ha tenido 
en una pasión errada: 
la que cae de rogada 
o el que ruega de caído? 

¿O cuál es más de culpar, 
aunque cualquiera mal haga: 
la que peca por la paga  
o el que paga por pecar? 

¿Pues para qué os espantáis 
de la culpa que tenéis? 
Queredlas cual las hacéis 
o hacedlas cual las buscáis. 

Dejad de solicitar 
y después con más razón 
acusaréis la afición 
de la que os fuere a rogar. 

Bien con muchas armas fundo  
que lidia vuestra arrogancia, 
pues en promesa e instancia 
juntáis diablo, carne y mundo.

Sor Juana Inés De La Cruz

lunes, 29 de junio de 2015

SONATINA


La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa  de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Rubén Darío

domingo, 28 de junio de 2015

SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?


La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?


¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?


Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave...

¡Setenta balcones y ninguna flor!

Baldomero Fernández Moreno

martes, 9 de junio de 2015

SABADO


         
Me levanté temprano y anduve descalza
por los corredores: bajé a los jardines
          y besé las plantas
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
          tirada en la grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
circundan. Más tarde, mojados de agua
peiné mis cabellos. Perfumé las manos
con zumo oloroso de diamelas. Garzas
          quisquillosas, finas,
de mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
          que la misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
          mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
          fijos en la verja.
El reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
Comedor en sombra; manos que aprestaban
          manteles.
Afuera, sol como no he visto
sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos.
          Fijos. Te esperaba.


Alfonsina Storni

domingo, 31 de mayo de 2015

SABÍA QUE IBA A TI

Sabía que iba a tí, no que te encontraría.
La tarde era un camino rumbo hacia todas partes,
y yo andaba por él como un niño perdido.
En la noche era un solo llamarte y no encontrarte.

Oyó el cielo mi grito? Oyó tu nombre el cielo?
Tu nombre no pasaba de un arrullo de tórtola.
El grito que nacía de mis siete puñales
se movía en mis labios y quedaba en la sombra.

La noche era un camino rumbo hacia todas partes.
Yo, por suerte, llevaba la lámpara encendida.
Me picaron los ojos dos silbos de calandria
y te encontré en mis lágrimas para toda la vida.

Gaspar Benavento




GENTE


Hay gente que con solo decir una palabra 
Enciende la ilusión y los rosales; 
Que con solo sonreír entre los ojos 
Nos invita a viajar por otras zonas, 
Nos hace recorrer toda la magia. 

 Hay gente que con solo dar la mano 
Rompe la soledad, pone la mesa, 
Sirve el puchero, coloca las guirnaldas, 
Que con solo empuñar una guitarra 
Hace una sinfonía de entrecasa. 

 Hay gente que con solo abrir la boca 
Llega a todos los límites del alma, 
Alimenta una flor, inventa sueños, 
Hace cantar el vino en las tinajas 
Y se queda después, como si nada. 

 Y uno se va de novio con la vida 
Desterrando una muerte solitaria 
Pues sabe que a la vuelta de la esquina 
Hay gente que es así, tan necesaria.

Hamlet Lima Quintana