miércoles, 29 de julio de 2015

TRIUNFAL


Hubo de todo en el romance aquel..
Flores, celos, amor, llantos, excesos;
Y un día. un día sin luz, en uno de esos
amargos días del invierno cruel.
-Es preciso-dijiste- poner el
punto final a nuestros muchos besos..
Debo partir y parto... dejo iIesos
tu corazón, Poeta y tu troquel.
No supe que decir... Tu voz tenía
una extraña inflexión desconocida
y eres dueño sin duda de tu vida..
Además, mi bohemia impenitente
según es lo normal y lo corriente,
estaba trasudando altanería..
Nos dimos el adiós de un modo triste...
Tú bajaste los ojos, yo la frente:
Hubo un silencio largo; gravemente
sonriendo tus labios. y partiste.
Cuando ya lejos hacia mí volviste
la faz turbada, dolorosamente.
atravesó los oros del poniente
un adiós postrimer que no dijiste...
Mas escucha, mujer, lo que sentí...
Sentí bajo el arrullo del pañuelo
remoto que agitaba; un consuelo
que en un instante serenó mi mal;
-sentí que tu existencia inmaterial,
prófugamente se quedaba en mí
¡Qué vale que el destino se la lleve
-pensé entonces irguiéndome en la playa-
ni que a otras tierras ignoradas vaya
ni que otras fuentes del amor abreve!
¡Qué vale que su pie nervioso y leve,
musa traviesa de mi ciencia .gaya,
errando sin cesar bajo la saya
busque la senda del olvido aleve!
¡Qué vale que del vaso huya el jazmín
si se ha trocado el vaso en la redoma
donde yacen su espíritu y su aroma!
¡ Qué vale que te alejes, fugitiva,
si suspensa a una rama siempre viva
has quedado hecha flor en mi jardín!

Belisario Roldán

lunes, 6 de julio de 2015

EL PERDÓN


Son las cinco de la tarde en un pago de leyenda. 
A estas horas el ombú, se saca el poncho violeta 
y lo tiende sobre el suelo curtido de la tranquera. 
No pasa una virazón, 
El patio se recalienta 
con un brasero e'malvones,prendido no bien clarea, 
adonde las ponedoras van a pintarse las crestas 
y casi siempre murmuran su rosario las abejas. 

El rancho es de palo a pique. 

Parece que jué carreta; 
porque entuavía se ven entre los yuyos dos ruedas: 
una, es la boca del pozo y la otra, la manguera. 
Dicen que todo era dulce: el agua, el techo y la dueña, 
una viejita muy blanca, que dejó viuda la guerra 
con cuatro hijos varones...y se echó esa cruz a cuestas. 

Sus manos son un milagro de amor; porque sale de ellas, 

tierno el pan del amasijo, tibia la leche que ordeñan, 
blanco de espuma el mantel en el altar de la mesa, 
donde esas manos bendicen la caridád de la cena, 
con la hostia de la luna azulando la cumbrera. 

Esas manos día a día, sacan calor de la rueca, 

pa antibiar cuatro pichones que desplumó la pobreza. 
Y esas manos de la madre, con diez palitos sin juerza, 
van haciendo cuatro gauchos a rigor de potro y sierra. 
Si alguna vez se enojaba con un gurí, siempre ella, 
antes de cerrar la noche, le dió la mano derecha 
para que él se la besase con un: "perdonáme vieja"! 

Nunca se pudo dormir con un hijo en penitencia. 

Y esa tarde, el más muchacho, estando solo con ella, 
olvida la ley de Dios, levanta un puño y golpea 
el pecho de aquella madre, que es una santa de güena. 
A'i nomás monta a caballo dejándola cáida en tierra. 

Y a la oración, cuando güelven los cuatro para la cena, 

está el fogón apagao y hay un frío de tapera... 
-¡Mama! - nadie le responde. 
Temblando ya, la campean. 
Como buscan a la altura del corazón, no la encuentran; 
porque la madre está allí, pero sobre el piso: muerta. 

Los cuatro mozos de luto, al campo santo la llevan. 

Pesaba tan poco en vida...y aura no pueden con ella! 
Doblan por las cuatro puntas aquél pañuelo de tierra... 
cain unas flores de yuyo...se santiguan ... y la dejan. 
Al otro día un vecino, al pasar por allí cerca, 
avisa que a la finada le quedó una mano ajuera. 
¡Cómo ! Se miran los cuatro y ninguno malicea, 
güelven, le cubren la mano y pa mejor protegerla, 
rodean la sepultura con un corralito'e piedra... 

Y la misma tarde, un hombre que cruza con su carreta, 

le dice que vió la mano otra vez a flor de tierra... 
Entonces, al más muchacho, le habló al 'oido la concencia; 
porque se puso 'e rodillas en el corralito 'e piedra, 
bajó la frente y llorando, pa que la madre l'oyera, 
como cuando jué gurí, dijo: "Perdoname vieja!". 

Cubrió de besos la mano...después la cubrió de tierra... 

y como salía solo para perdonar la ofensa, 
dende la tarde del beso ya descansó bajo tierra... 
Y naides más vio la mano de la madrecita güena, 
que nunca pudo dormir con un hijo en penitencia.

Yamandú Rodriguez!

miércoles, 1 de julio de 2015

HOMBRES NECIOS QUE ACUSÁIS...


a la mujer sin razón, 
sin ver que sois la ocasión 
de lo mismo que culpáis. 

Si con ansia sin igual  
solicitáis su desdén, 
¿por qué queréis que obren bien 
si las incitáis al mal? 

Combatís su resistencia 
y luego con gravedad  
decís que fue liviandad 
lo que hizo la diligencia. 

Parecer quiere el denuedo 
de vuestro parecer loco 
al niño que pone el coco  
y luego le tiene miedo. 

Queréis con presunción necia 
hallar a la que buscáis, 
para pretendida, Tais, 
y en la posesión, Lucrecia.  

¿Qué humor puede ser más raro 
que el que, falto de consejo, 
él mismo empaña el espejo 
y siente que no esté claro? 

Con el favor y el desdén 
tenéis condición igual, 
quejándoos, si os tratan mal, 
burlándoos, si os quieren bien. 

Opinión ninguna gana, 
pues la que más se recata, 
si no os admite, es ingrata, 
y si os admite, es liviana. 

Siempre tan necios andáis 
que con desigual nivel 
a una culpáis por cruel 
y a otra por fácil culpáis. 

¿Pues cómo ha de estar templada 
la que vuestro amor pretende, 
si la que es ingrata ofende 
y la que es fácil enfada? 

Mas entre el enfado y pena 
que vuestro gusto refiere, 
bien haya la que no os quiere 
y queja enhorabuena. 

Dan vuestras amantes penas 
a sus libertades alas 
y después de hacerlas malas 
las queréis hallar muy buenas. 

¿Cuál mayor culpa ha tenido 
en una pasión errada: 
la que cae de rogada 
o el que ruega de caído? 

¿O cuál es más de culpar, 
aunque cualquiera mal haga: 
la que peca por la paga  
o el que paga por pecar? 

¿Pues para qué os espantáis 
de la culpa que tenéis? 
Queredlas cual las hacéis 
o hacedlas cual las buscáis. 

Dejad de solicitar 
y después con más razón 
acusaréis la afición 
de la que os fuere a rogar. 

Bien con muchas armas fundo  
que lidia vuestra arrogancia, 
pues en promesa e instancia 
juntáis diablo, carne y mundo.

Sor Juana Inés De La Cruz